El 50% de la capacidad hospitalaria está rezagada frente al crecimiento poblacional, según la Personería Municipal.
La Personería Municipal de Pereira encendió las alarmas. Tras una serie de visitas a centros de salud públicos de la ciudad, el diagnóstico es contundente: el sistema de salud municipal está estancado en un modelo de baja complejidad, sin capacidad para atender a pacientes que requieran tratamientos más avanzados o especializados.
En otras palabras, la ciudad no tiene un hospital público que funcione en un segundo nivel de atención médica, lo que significa que la vida y el bienestar de miles de personas dependen de clínicas privadas, con altos costos y cobertura limitada. En este caso, el Hospital Universitario San Jorge es responsabilidad de la gobernación de Risaralda.
“El municipio tiene una cobertura hospitalaria que apenas alcanza el 50% de lo que debería tener en proporción a su población”, advirtió el personero municipal, Leonardo Fabio Reales Chacón, en entrevista con 360 Noticias.
El servidor público dijo que Pereira necesita, “de manera urgente”, avanzar en la creación de un centro hospitalario público de mediana complejidad.
Sistema desbordado por la demanda
La Empresa Social del Estado (ESE) Salud Pereira, entidad pública encargada de la prestación de servicios de salud en la capital risaraldense, sólo opera con un modelo de atención primaria.
Es decir, su capacidad se limita a tratar afecciones menores, brindar primeros auxilios, hacer controles básicos de enfermedades comunes y remitir pacientes a clínicas de mayor nivel cuando el caso lo amerita.
Pero ahí está el problema: no existe un hospital público en Pereira que atienda casos de mediana complejidad, lo que deja a la ciudadanía en manos de la red privada, cuyos costos suelen ser inaccesibles para muchos usuarios del régimen subsidiado.
“Esta dependencia de terceros ha generado sobrecostos y disminución en la calidad de la atención. El sistema está diseñado para remitir, no para resolver”, explicó el personero.
A su juicio, hoy, una persona que sufre una enfermedad crónica, que necesita un tratamiento especializado o una cirugía intermedia, no encuentra respuesta en la red pública. Y al no encontrarla,” queda expuesta a barreras administrativas, demoras en la atención o pagos que no puede asumir”.
Costos, barreras y rezago
Uno de los hallazgos más preocupantes de las visitas institucionales realizadas por la Personería tiene que ver con el desfase entre la infraestructura actual y el crecimiento poblacional de Pereira.
Reales aseguró, que la cobertura hospitalaria está por debajo del 50% del estándar ideal, lo que genera saturación de servicios, demoras en las citas, largas esperas para procedimientos y una creciente insatisfacción ciudadana.
A esta deficiencia estructural se suma otro factor crítico: la ausencia de una estrategia de largo plazo para escalar los niveles de complejidad del sistema de salud pública.
“No se está pensando en el segundo nivel de atención como un objetivo del municipio, y eso es grave. No se trata sólo de tener más camas o médicos, sino de ofrecer verdaderamente servicios especializados que respondan a las necesidades actuales de la población”, agregó el personero.
El costo de no actuar
Desde el Ministerio Público aseguran que, mientras Pereira no construya o fortalezca un centro de mediana complejidad administrado por la ESE Salud Pereira, los ciudadanos seguirán siendo remitidos a clínicas privadas, donde deben enfrentarse a trámites, copagos, autorizaciones de EPS, y muchas veces, a la imposibilidad de recibir atención oportuna.
Además, según la Personería, esta intermediación entre lo público y lo privado tiene un alto costo fiscal. “Lo que se paga por esos servicios contratados es mucho más alto que si el municipio pudiera prestar la atención directamente. Es insostenible financieramente”, explicó.
La Personería preparar un informe, pero este es apenas el primer paso. A juicio del Ministerio Público en Pereira, la ciudad debe empezar a diseñar su propio modelo de salud intermedia, con infraestructura, personal y tecnología suficiente para responder a los retos del presente. No hacerlo, asegura, “es condenar a la población a un sistema insuficiente, ineficaz e injusto”.
