El coronel Óscar Ochoa reveló que los homicidios por encargo obedecen a un sistema organizado de sicarios que se reconfiguran.
Se mueven entre comunas y cobran hasta un millón por asesinato. Así, presuntamente se maneja el mundo del sicariato en Pereira. Durante su intervención ante el Concejo Municipal, el coronel Óscar Ochoa, subcomandante de la Policía Metropolitana, reveló un preocupante diagnóstico sobre la evolución del crimen en la ciudad.
Lo llamó “reciclaje de sicarios”, una expresión que no sólo describe la rotación constante de los supuestos ejecutores de homicidios, sino también la forma en que bandas criminales reutilizan a jóvenes y adultos como piezas desechables de un engranaje de violencia financiado por el microtráfico.
Según el oficial, los grupos delincuenciales actualmente ofrecen pagos de hasta un millón de pesos por cada asesinato, lo que ha provocado una peligrosa dinámica en la que nuevos sicarios son constantemente reclutados, entrenados de manera informal y ejecutan crímenes selectivos a cambio de un incentivo económico rápido.
“Hay una red que opera con frialdad y cálculo. Cada muerte tiene un precio. Es incómodo decirlo, pero es nuestra realidad”, señaló Ochoa, quien asumió la misión de reducir los homicidios en Pereira por orden directa del mando nacional de la Policía.
En lo que va del año, Pereira registra 109 homicidios, entre ellos 11 mujeres asesinadas. El comandante explicó que muchas de estas muertes están asociadas con disputas territoriales por la venta de estupefacientes, especialmente tusi, marihuana y cocaína, en puntos críticos de la ciudad.
Incluso se exhibieron mapas de calor donde se superponen casas de expendio de drogas con zonas donde operan sicarios. “Esta correlación es alarmante. Por eso, junto con la Fiscalía, trabajamos para judicializar no solo al ejecutor, sino a toda la red que lo sostiene”, agregó.
Otro factor que evidencia la gravedad del fenómeno es el suministro constante de armas de fuego. En Pereira se han incautado 182 armas en lo corrido del año, una cifra que según Ochoa supera incluso a las registradas en ciudades mucho más grandes como Bogotá o Cali.
Cada arma, dice, representa un sicario o un intento de homicidio frustrado. “Son armas sofisticadas, de múltiples calibres, algunas con capacidad para 25 disparos. Esto no es delincuencia común: es crimen organizado”.
Finalmente, el oficial mostró una línea de tiempo en la que se cruzan semanas de alta incautación de armas con reducciones drásticas en los homicidios. Como ejemplo citó la semana del 25 de mayo, cuando se incautaron 14 armas y, en consecuencia, se registraron 14 muertes menos.
“Cada arma retirada es una vida que potencialmente se salvó. El mensaje es claro: estamos combatiendo, pero necesitamos seguir con fuerza y apoyo institucional”, completó el alto oficial.
