A José Leonardo Hortúa también lo conocían como ‘Mascota’. Fue miembro del temido clan de Diego Rastrojo y sembró terror en el departamento del Valle del Cauca. Su historial cobró vida tras el secuestro de su hijo Lyan.
La historia detrás del secuestro de Lyan Hortúa, el niño de 11 años que mantuvo en vilo a Colombia durante varios días, puede que tenga un trasfondo con una historia que aún pocos conocen y con mucho que revelar.
Detrás del drama familiar y el aparente abandono estatal que denunciaron sus parientes, se reveló un pasado criminal vinculado a una de las estructuras narcotraficantes más sanguinarias del país.
José Leonardo Hortúa, el padre del menor, fue en vida uno de los hombres de confianza del extinto capo Diego Pérez Henao, alias ‘Diego Rastrojo’.
Una publicación de la revista Semana, dice que Hortúa era conocido en el mundo del crimen como alias ‘Mascota’ o ‘Mochacabezas’, un apodo que revela la brutalidad con la que ejecutaba sus crímenes. Supuestamente, sus víctimas eran decapitadas y desmembradas sin misericordia.
Este hombre, asesinado en 2013 en medio de disputas internas por el control del narcotráfico en el Valle del Cauca, terror en la región a punta de sangre.
Las autoridades lo señalaban como uno de los brazos ejecutores del cartel que dirigía Rastrojo, y su historial criminal estuvo marcado por asesinatos selectivos, desapariciones forzadas y retaliaciones propias del bajo mundo.
Más de una década después de su muerte, el nombre de José Leonardo Hortúa vuelve a mencionarse. No por un nuevo crimen, sino por el secuestro de su hijo. Ahora, los investigadores trabajan para saber si hubo motivaciones de antiguas deudas, traiciones y venganzas acumuladas.
Supuestamente, el plagio no fue orquestado únicamente por las disidencias de la columna ‘Jaime Martínez’, como se había informado inicialmente, sino que estaría relacionado con cuentas pendientes dentro de ese mismo entramado narco que su padre ayudó a construir.
El relato de los familiares del menor, quienes en un primer momento denunciaron el abandono por parte del Estado y afirmaron haber pagado un rescate por desesperación, ha empezado a tambalear.
Supuestamente, había negociaciones paralelas, intereses ocultos y actores criminales de peso involucrados en el cautiverio de Lyan.
