El protocolo clínico tras sufrir una herida con una jeringa usada es claro: iniciar de inmediato la administración de medicamentos retrovirales para prevenir posibles infecciones y someterse a un seguimiento médico riguroso durante un año.
Así es el procedimiento que comenzó un joven operario de la empresa de aseo ATESA, contratista del servicio público en Pereira, luego de que al levantar una bolsa de basura cerca del colegio Lestonnac, una aguja con restos de sangre se le incrustara en la mano.
El accidente, ocurrido esta semana, puso en alerta al personal operativo de recolección de residuos. Según la gerente de la Empresa de Aseo de Pereira, Paola Andrea Grisales, el trabajador recibió atención médica inmediata.
“Le aplicaron los primeros retrovirales para empezar a subirle las defensas. Ahora deberá asistir mensualmente a controles médicos y continuar con el tratamiento durante un año”, explicó la funcionaria.
Aunque el joven, presuntamente, se encuentra fuera de peligro, el impacto emocional y físico de este tipo de accidentes es profundo. “Son situaciones que afectan gravemente la calidad de vida de los trabajadores”, subrayó Grisales.
De hecho, no se trata de un caso aislado. En las últimas semanas se han reportado múltiples agresiones y riesgos a los que están expuestos los operarios en las calles, incluyendo amenazas con armas blancas y de fuego, así como ataques verbales de ciudadanos inconformes.
¿Qué hará la Empresa de Aseo?
Luego de este incidente, la Empresa de Aseo de Pereira anunció una serie de medidas de choque orientadas a educar a la ciudadanía sobre el manejo responsable de residuos peligrosos.
Una de las estrategias consiste en una sensibilización casa a casa, en la que se informará a los habitantes sobre qué tipo de basura puede y no puede ser depositada en los contenedores de recolección común.
“Estamos pegando un sticker en cada casa visitada, con el cual se deja constancia de que se les explicó cómo deben disponer adecuadamente los residuos”, detalló Grisales.
La empresa también intensificará su presencia en medios de comunicación para alertar sobre los riesgos que implican jeringas, vidrios rotos, cuchillas y otros residuos cortopunzantes.
“Lo que pasó con este operario no puede volver a repetirse. El carro recolector está diseñado para recoger residuos domésticos regulares: lo que sale del barrido, de la cocina y del baño. Los residuos especiales requieren un tratamiento distinto y no deben mezclarse”, subrayó la gerente.
Riesgos cotidianos
El personal que trabaja en las calles, tanto en recolección como en barrido, está constantemente expuesto a escenarios peligrosos.
Grisales recordó un episodio reciente en el que una operaria fue agredida verbalmente por una ciudadana al intentar llamarle la atención por botar basura en un lugar no autorizado.
Casos como este, aunque menos visibles, “reflejan el nivel de vulnerabilidad del personal que presta un servicio esencial para la ciudad”, dijo.
