Las tarifas de la cárcel de Pereira poco la conocen. Desde el espacio para dormir hasta el acceso a un teléfono, todo tiene su precio. Un exrecluso que accedió a hablar con 360 Noticias bajo condición de anonimato describió la estructura económica que opera dentro del penal.
Pagar por un lugar para descansar, costear cada llamada telefónica y entregar dinero a terceros para no ser víctima de agresiones, hacen parte del sistema informal de pagos que, presuntamente, rige la vida en la Cárcel La 40.
Aunque las autoridades penitenciarias insisten en que se trata de rumores, debido a que nadie denuncia, la realidad que describen quienes han estado tras esos muros revela un mundo donde todo tiene valor.


Los internos con mayores influencias, conocidos como plumas, controlan no sólo las decisiones del patio, sino también los negocios que van desde el alojamiento hasta la venta de estupefacientes y licor.
Pagar por un espacio para dormir
Nada es gratis en La 40. Conseguir un sitio donde pasar las noches tiene un costo que depende de la ubicación y el nivel del patio: $2.500.000 por una cama en celda alta y $2.100.000, aproximadamente, por una cama en celda baja.
Aquellos que no pueden pagar deben conformarse con el suelo, donde la supervivencia se vuelve aún más dura.
Todo tiene un precio
El comercio interno es variado. Desde lo más básico, como un cigarrillo, hasta la comunicación con el exterior.
Supuestamente $2.000 pesos cuesta un cigarro, conocido dentro del penal como cáncer. Desde 40.000 a 100.000 pesos el impuesto por portar un teléfono celular dentro del patio.
Pero eso no es todo, una dosis de estupefacientes también tiene un valor que varía de entre 40.000 a 100.000 pesos.

“La droga de más alto costo es el tusi, que actualmente se vende por 100.000 pesos el gramo”, según el informante.
Licor dentro del penal
A pesar de ser ilegal, el licor se consigue fácilmente. Se le conoce como chamber y se vende a precios elevados: 30.000 pesos por una botella de gaseosa de 500 ml con licor adulterado.
Pero hay costos más elevados, de $800.000 a $1.200.000 por una botella de whisky, un producto de lujo al que sólo tienen acceso los internos con mayores recursos.
El ingreso de estos productos al penal es una operación controlada. “Los custodios o los enfermeros son quienes lo facilitan”, aseguró el exprivado de libertad.
Reglas y castigos internos
Más allá de los negocios, dentro del penal rige un código no escrito que todos deben acatar. “La visita es sagrada: no se mira ni dentro ni fuera, y si algún familiar dice algo en la calle, que comprometa a la gente del patio, el interno responde”, explicó el informante.
Los jefes controlan la disciplina y la seguridad interna. Las armas, cortopunzantes, por ejemplo, no puede tenerlas cualquier interno.

“Para tener un cuchillo hay que ganárselo con fidelidad a las plumas; si alguien tiene un arma sin permiso, puede ser castigado o expulsado del patio”, reveló la fuente.
Ellos mismos, los mandamás, también organizan la rutina. Es obligatorio bañarse todos los días. Sólo el campanero o un jefe pueden hablar con los custodios.
Si alguien daña el conteo de internos (la contada), es castigado con encierro en los baños o los tanques de agua.
El patio donde son ubicados los internos por delitos sexuales es conocido como el patio de los violos. Si un preso de otra categoría termina allí, su vida corre peligro.
Un sistema de pagos que nunca se detiene
El dinero circula constantemente dentro de La 40. Cada ocho días, después de las visitas, comienzan los cobros. “Si alguien no puede pagar una deuda, la única salida es pedir su traslado, pegarse a la reja, o incluso autolesionarse para ser llevado a sanidad”, confesó.
El costo de la vida en La 40 es más alto de lo que muchos imaginan. Más allá de la privación de la libertad, los internos deben pagar por su supervivencia en un sistema donde cada peso define quién tiene poder y quién queda a merced del patio.
