Según datos de Medicina Legal, con este son 50 casos de muertes autoinfligidas en Risaralda en lo que va del presente año.
Luciano Gómez Guerrero era un campesino conocido en el corregimiento de Peralonso, donde vivió toda su vida dedicado a labores agrícolas. Su muerte enciende las alarmas por el aumento de hechos similares, relacionados con personas mayores en zonas rurales.
Vecinos del sector La Esperanza lo describieron como un hombre sociable, servicial y querido por la comunidad. Siempre se reunía con los amigos para jugar parqués y conversar, incluso a sus 95 años.
Aunque ya no podía trabajar como antes, seguía cuidando algunos animales y pequeños huertos en su vivienda, actividades que lo mantenían activo. Compartir tiempo con su familia también era parte importante de su día a día.
Vivía acompañado de su hija y sus nietos. Lo consideraban una persona tranquila y con buen ánimo, sin antecedentes ni dificultades emocionales.
La mañana de este lunes 27 de octubre de 2025, hacia las 08:00 a.m., sus familiares notaron algo extraño. No había salido de su habitación y tampoco respondía. Fue entonces cuándo lo encontraron sin vida.
Un reporte preliminar dice que presuntamente se colgó y que en el lugar tampoco se evidenciaron signos de violencia externa.
Luciano Gómez siempre fue un hombre responsable. Sin problemas con nadie y un ejemplo para su familia. Incluso, quienes lo conocían decían que era una persona servicial y muy conversador.
Este caso se suma a los más de 40 eventos de autoeliminación reportados en Risaralda durante 2025.
“Él vivía con la hija y los nietos y la familia estaba muy pendiente. Ya no trabajaba aunque le gustaba mucho tener animalitos y sembrados, pero ya es por la edad no podía”, dijo un vecino.
