En 2024, el Hospital San Jorge atendió 355 casos de ACV, la mayoría pudo prevenirse.
Aunque apenas representa el 2 % del peso corporal, el cerebro consume una quinta parte de toda la energía del cuerpo y gobierna desde los pensamientos más profundos hasta los movimientos más automáticos. Este órgano, que sigue desarrollándose hasta los 25 años y puede generar hasta 70 mil ideas al día, exige una atención que muchos pasan por alto.
Dormir mal, comer desordenadamente o pasar horas frente a pantallas no solo afecta la memoria y el ánimo: puede costar la vida. En el Día Mundial del Cerebro, el Hospital San Jorge de Pereira lanzó un urgente llamado a proteger el motor de la existencia humana, en un país donde los accidentes cerebrovasculares (ACV) ya son la principal causa de discapacidad y la segunda de muerte.
Este 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha instaurada por la Federación Mundial de Neurología desde 2014 para concientizar sobre la salud cerebral. En Colombia, este llamado cobra especial relevancia: cerca de 17.000 personas mueren cada año por enfermedades cerebrovasculares, en su mayoría mujeres.
La cifra podría reducirse de forma drástica, si más personas entendieran la urgencia de actuar a tiempo. En Pereira, el Hospital Universitario San Jorge lidera desde hace un año la implementación de Código ACV, una estrategia médica diseñada para actuar en los minutos críticos tras un ataque cerebral.
Esta iniciativa, impulsada por el gobernador de Risaralda, Juan Diego Patiño Ochoa, ha permitido diagnosticar rápidamente a pacientes y garantizar el tratamiento especializado con un equipo humano y tecnológico de alta capacidad.
“El año pasado atendimos 355 casos de ACV, muchos de los cuales podrían haberse evitado si se controlaran factores de riesgo como la hipertensión, el tabaquismo o la inactividad física”, explicó el neurólogo Carlos Andrés Montilla Trejos, líder del programa.
Un enemigo frecuente y malentendido
Los ataques cerebrovasculares, también conocidos como trombosis o derrames cerebrales, ocurren cuando el flujo de sangre al cerebro se ve interrumpido o reducido. En cuestión de minutos, las neuronas comienzan a morir por falta de oxígeno, y si no hay una intervención médica inmediata, las secuelas pueden ser devastadoras: pérdida del habla, parálisis parcial, deterioro cognitivo o incluso la muerte.
“El ACV es una urgencia vital. Cada minuto que pasa sin atención se pierden millones de neuronas”, enfatizó Montilla. “Hoy sabemos que uno de cada cuatro seres humanos lo sufrirá en algún momento de su vida”.
El Código ACV busca detectar los síntomas en las primeras horas y activar un protocolo rápido de atención. Entre los signos de alerta están la dificultad para hablar, la parálisis repentina de un lado del cuerpo, pérdida de equilibrio o visión borrosa. “Es clave que la gente no espere. Si tiene sospecha, debe ir de inmediato a un hospital”, recalcó el médico.
Lo que todos deberíamos hacer
Para proteger el cerebro no basta con evitar accidentes. El doctor Montilla recuerda que la salud cerebral se cultiva día a día. Dormir entre siete y ocho horas, realizar al menos 30 minutos de actividad física diaria, alimentarse adecuadamente y desconectarse periódicamente de los dispositivos electrónicos son prácticas simples pero poderosas.
“El cerebro tiene cerca de 86.000 millones de neuronas. Es como una gran ciudad que nunca duerme y que necesita mantenimiento constante”, ilustró. Pese a su sofisticación, sigue siendo vulnerable a hábitos dañinos como el estrés crónico, el sedentarismo o el consumo excesivo de azúcar y grasas.
El gerente del Hospital San Jorge, Javier Alejandro Gaviria Murillo, destacó que el propósito de estrategias como Código ACV no es solo responder a emergencias, sino generar una cultura de prevención. “Salvar el cerebro es salvar la vida. Y el primer paso es cuidarlo todos los días”, concluyó.
