El mundo católico despertó el pasado lunes 21 de abril con una noticia que marcará la historia contemporánea de la Iglesia: el papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, falleció a los 87 años en su residencia del Vaticano. Su muerte, según relató el médico Sergio Alfieri, ocurrió sin sufrimiento, en completo silencio, tras un derrame cerebral que lo dejó inconsciente y lo llevó al coma irreversible.
Alfieri, jefe del equipo médico del Hospital Gemelli y cirujano que acompañó al papa en sus últimos procesos de salud, relató a medios italianos que el pontífice fue visto por última vez con vida consciente el sábado 19 de abril. “Estaba cansado, pero lúcido. Hablamos, incluso expresó su pesar por no haber podido cumplir con el rito de lavar los pies en Jueves Santo. Estaba desconsolado por ello”, narró el médico en entrevista con TG1.

El lunes, a las 5:00 de la mañana, Francisco empeoró. Según Vatican News, alcanzó a realizar un gesto de despedida con su mano hacia su enfermero personal antes de perder la consciencia. “Cuando llegamos, tenía oxígeno, una vía intravenosa, los ojos abiertos… pero no estaba consciente. Seguía vivo, pero en coma. Puedo decirlo con certeza: el Santo Padre no sufrió”, aseguró Alfieri.
La causa oficial de muerte fue un ictus que derivó en coma y una insuficiencia cardiocirculatoria irreversible. El sumo pontífice murió a las 7:35 a. m. en su habitación del segundo piso de la Casa Santa Marta. Las autoridades vaticanas confirmaron que la elección de su sucesor se llevará a cabo en la Capilla Sixtina entre los próximos 15 y 20 días, mientras que el funeral se realizará este viernes 26 de abril en la Basílica de San Pedro.
El cuerpo del papa ya reposa en capilla ardiente, donde miles de fieles se congregan para rendirle homenaje. Durante los próximos nueve días, el Vaticano vivirá los Novendiales, una tradición de luto y oración por el alma del líder espiritual.
