El proyecto depende de un solo peaje mientras los costos aumentan y analizan nuevas fuentes de financiación.
El Gobierno Nacional enfrenta un problema estructural en la financiación vial: los recursos no alcanzan para ejecutar las obras prometidas. El modelo actual, basado en recaudos de peajes, evidencia un desfase frente a proyectos que crecieron más rápido que su capacidad de pago.
Esa fue la conclusión que dejó el más reciente Consejo Directivo del convenio Vías del Samán, realizado en Pereira, donde el director general del Invías, Juan Guillermo Jiménez, reconoció que el alcance del proyecto supera ampliamente las fuentes disponibles.
El panorama no es menor. Las obras avanzan a un ritmo condicionado por ingresos limitados, mientras las expectativas ciudadanas presionan resultados inmediatos. En ese escenario, el Gobierno analiza alternativas para evitar el colapso financiero de uno de los proyectos viales más ambiciosos del Eje Cafetero.
Un peaje sostiene el proyecto
El corazón del problema tiene un nombre concreto: Cerritos II. Ese peaje constituye la principal fuente de financiación de las Vías del Samán, un esquema que, según el propio Invías, resulta insuficiente para cubrir todas las intervenciones planteadas.
“El proyecto generó expectativas muy grandes en muy corto tiempo”, admitió Jiménez. La planeación inicial incluyó cerca de diez intervenciones, pero el recaudo de un solo peaje no alcanza para financiarlas. A esto se suma un factor clave: los costos reales de las obras superaron las estimaciones iniciales.
Uno de los frentes críticos es la vía La Romelia–El Pollo. La primera etapa cuenta con financiación, pero las siguientes dependen de estudios, diseños y, sobre todo, de nuevos recursos. Sin estos elementos, el proyecto no puede avanzar más allá de su fase inicial.
El caso de la variante de Cartago también refleja esa incertidumbre. Findeter presentó propuestas de financiación que aún se encuentran en análisis, sin una decisión definitiva que permita su ejecución en el corto plazo.
Desde el Gobierno descartan una salida rápida basada en más peajes. La administración insiste en reducir cargas a los usuarios, lo que limita la posibilidad de ampliar el número de estaciones de cobro en la región.
Un modelo en revisión
El debate va más allá de una obra puntual. Invías plantea un modelo de financiación pública que busca reducir la dependencia de concesiones privadas, pero ese esquema enfrenta restricciones estructurales.
El director del instituto lo explicó con una cifra clave: Colombia cuenta con cerca de 10.000 kilómetros de vías, pero solo 2.000 tienen peajes, lo que obliga a que esos ingresos financien una red mucho más amplia.
Ese desequilibrio genera tensiones. En regiones como el Eje Cafetero, donde la concentración de peajes es alta, los usuarios perciben una carga excesiva, mientras el Estado depende de esos mismos recursos para sostener la infraestructura.
Ante ese escenario, el Gobierno explora alternativas. Entre ellas aparece la valorización nacional, un mecanismo que busca cobrar a propietarios beneficiados por obras públicas, especialmente en zonas donde el valor del suelo se incrementa tras la construcción de vías.
El análisis incluye casos concretos. En el corredor del Túnel de La Línea, el valor de los predios habría aumentado en cerca de 25 billones de pesos, un fenómeno que el Ejecutivo considera un beneficio que debe aportar a la financiación del sistema.
Otra opción en estudio apunta a ingresos no tradicionales. La posibilidad de incorporar publicidad en peajes o generar nuevas rentas complementarias aparece como una vía para aliviar las tarifas actuales, sin trasladar el costo directamente a los conductores.
En paralelo, el Gobierno revisa el futuro de concesiones como la Autopista del Café. El contrato vigente finaliza el próximo año y abre la puerta a redefinir el esquema de cobros, con la expectativa de reducir tarifas una vez recuperada la inversión inicial.
Obras lentas
Mientras se ajustan los modelos financieros, en terreno las obras avanzan con lentitud. En varias zonas del Eje Cafetero, la ciudadanía cuestiona la falta de intervenciones visibles, especialmente en tramos anunciados desde hace años.
El propio Invías reconoce factores que inciden en los retrasos. La complejidad geográfica, los imprevistos técnicos y episodios de corrupción han afectado la ejecución de proyectos viales en el país.
Frente a ese panorama, el mensaje institucional apunta a la cautela. El Gobierno insiste en que no comprometerá recursos sin respaldo financiero claro, incluso si eso implica aplazar fases completas de las obras.
El Consejo Directivo en Pereira dejó una conclusión abierta. El proyecto Vías del Samán sigue en marcha, pero su alcance dependerá de decisiones financieras que aún no se concretan.
