El 62 % provenía de zonas rurales y 78,2 % sufrió violencia intrafamiliar antes de vincularse a grupos armados ilegales.
La conmemoración del Día Internacional de las Manos Rojas puso el foco en una realidad que persiste bajo dinámicas menos visibles. Sólo en el Eje Cafetero, al menos 22 menores de edad resultaron víctimas de reclutamiento por parte de grupos armados durante 2025.
En varias operaciones, integrantes de la Octava Brigada del Ejército lograron recuperarlos. Sin embargo, la cifra revela la persistencia de este delito en una región que históricamente no ha sido considerada epicentro del conflicto armado.
Desde el ICBF, la directora regional Jenny Viviana Enríquez, señaló que reclutamiento no siempre ocurre mediante la fuerza, sino a través de acercamientos graduales y promesas que terminan de alejar a niños y adolescentes de sus entornos familiares y escolares.
La funcionaria advirtió que la edad promedio de reclutamiento es de 14 años, un dato que invita a las instituciones educativas a reforzar las estrategias preventivas hacia estudiantes de básica, secundaria, en municipios de Risaralda y el resto del Eje Cafetero.
Cuál es el panorama
Las cifras revelan patrones preocupantes. Del total de menores recuperados en 2025, el 62 % provenía de zonas rurales y el 29,5 % de áreas urbanas, lo que demuestra que el fenómeno no sólo hace presencia en territorios apartados, sino también en entornos urbanos vulnerables.
Aún más grave, el 78,2 % de los niños y adolescentes había sido víctima de violencia intrafamiliar, un factor que, según el ICBF, incrementa el riesgo de que acepten invitaciones de grupos ilegales que ofrecen pertenencia, protección o ingresos económicos.
El reclutamiento, explican las autoridades, rara vez se presenta como una imposición directa. Se inicia con invitaciones aparentemente inofensivas, acercamientos progresivos y actividades que resultan atractivas para adolescentes que no identifican el riesgo.
Ante este panorama, el ICBF articula acciones con la Gobernación de Risaralda, alcaldías y Policía Nacional para fortalecer campañas en instituciones educativas, realizar seguimientos y activar alertas tempranas cuando se detectan cambios de comportamiento o ausencias reiteradas.
¿Qué se debe hacer?
Las rutas de intervención se activan cuando un menor es identificado en riesgo o recuperado por la fuerza pública. En esos casos, se inicia un proceso de restablecimiento de derechos, que incluye atención psicosocial, acompañamiento familiar y evaluación de condiciones de seguridad.
Los menores recuperados quedan bajo protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, donde ingresan a programas especializados para la desvinculación y reintegración progresiva, con apoyo de comisarías de familia y casas de justicia.
El objetivo, según explicó Enríquez, es reconstruir proyectos de vida y garantizar el retorno al sistema educativo, entendido como principal herramienta de prevención frente al reclutamiento.
Aunque el número de casos confirmados en 2025 es de 22, las autoridades reconocen que el fenómeno puede estar subregistrado, debido a que algunos adolescentes permanecen invisibles en estructuras ilegales o migran hacia otros territorios.
En el Día de las Manos Rojas, el llamado institucional es claro: la prevención comienza en el entorno familiar y escolar, y necesita que la comunidad también vigile de manera permanente, sobre todo en regiones donde persiste la amenaza silenciosa contra la niñez.
