Tres fenómenos simultáneos alteran el clima regional y elevan alertas por crecientes, deslizamientos y colapso de alcantarillados.
Una corriente fría proveniente del norte del planeta, un frente frío estacionado en el mar Caribe y una vaguada monzónica activa cerca de la línea ecuatorial estarían generando una mayor entrada de humedad al territorio continental.
Esta combinación favorece nubosidad persistente, lluvias prolongadas y una sensación térmica más baja de lo habitual en la región cafetera. El origen del actual escenario climático está en la interacción simultánea de al menos tres fenómenos atmosféricos.
El profesional especializado de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), Yon Steven Gómez, dijo que no se trata de La Niña, fenómeno asociado al océano Pacífico. En este caso, los factores determinantes están ligados al Caribe y a sistemas de baja presión que coinciden en tiempo y espacio.
“Estamos evidenciando cómo se conjugan tres o incluso cuatro fenómenos de variabilidad climática al mismo tiempo. Esto favorece las lluvias”, señaló el especialista, al advertir que estos eventos pueden presentarse de forma independiente o simultánea en el país.
Las precipitaciones constantes que marcan el inicio de 2026 en Risaralda no responden a un solo factor ni a un patrón estacional. Se trata de una convergencia climática poco común, con impactos directos sobre ríos, laderas y zonas urbanas.
El análisis técnico asegura que el departamento enfrenta un escenario de alta variabilidad atmosférica que podría extenderse varias semanas, con riesgos acumulativos si no se adoptan medidas preventivas inmediatas.
Desde comienzos de enero, las precipitaciones intensas y el descenso sostenido de temperaturas han sido una constante en Pereira y otros municipios del eje cafetero.
Este comportamiento, atípico para la temporada, coincide con reportes de aumento en niveles de ríos, saturación de suelos y fallas incipientes en sistemas de drenaje urbano.
Riesgos acumulados
El principal impacto de este escenario es la acumulación progresiva de riesgos, especialmente en zonas urbanas con deficiencias históricas en el manejo de aguas lluvias.
Canales obstruidos, alcantarillados colapsados y residuos sólidos en vías públicas aumentan la probabilidad de inundaciones súbitas.
A esto se suma la inestabilidad de taludes y laderas, donde la saturación del suelo incrementa el riesgo de deslizamientos, en particular en corredores viales y sectores de vivienda informal.
Las autoridades ambientales insisten en que la prevención ciudadana es un factor decisivo para mitigar emergencias. El mantenimiento de canales, la vigilancia permanente de ríos y quebradas y la disposición adecuada de residuos sólidos son acciones básicas que reducen el impacto.
