“Yo pensé que se moría mi mamá”: relatos del vendaval en Belén

In Eje Cafetero
junio 14, 2025

Un aguacero con granizo, vientos huracanados y la creciente repentina de un río pusieron en riesgo la vida de varias familias.

Afortunadamente, no hubo pérdidas humanas, pero los relatos dan cuenta del miedo y la incertidumbre vividos. Lo que para muchos era una tarde más en la vereda Selva, corregimiento rural del municipio de Belén de Umbría, se convirtió en cuestión de minutos en una escena de angustia, impotencia y resistencia.

Un vendaval, acompañado de una inusitada granizada y una crecida repentina del río, generó estragos entre la comunidad. Las lluvias comenzaron sobre las 2:30 de la tarde y durante más de dos horas no dieron tregua.

Los habitantes describen que el aguacero fue tan intenso que el agua y el barro ingresaron hasta la cintura dentro de las viviendas, y los vientos violentos zarandearon árboles y estructuras como si fueran de cartón.

Gonzalo Jesús Pérez Muñoz, uno de los residentes más antiguos del sector, recuerda con la voz aún temblorosa lo que vivió ese día.

“Llevo 50 años en este lugar, llegué cuando tenía apenas 6 añitos, y jamás, en todos esos años, había visto algo parecido. Siempre uno ve estas tragedias por televisión, pero nunca cree que le va a tocar… hasta que le toca”, narró con pesar.

Su casa se inundó por completo. El barro alcanzaba casi un metro de altura y, aunque no hubo daños estructurales graves, la fuerza de la naturaleza lo dejó en estado de shock.

“Gracias a Dios fue de día, porque en la noche no sé cómo habríamos reaccionado. Uno de día por lo menos ve por dónde defenderse. Pero ver a mi esposa, a mi hijo y a mi sobrino encerrados, llorando, sin saber qué hacer… eso no se olvida nunca”, agregó.

Desesperación

Nora Aristizábal, otra vecina del sector, relató con detalle lo que vivió ese viernes. “Yo estaba en una cita médica y mi mamá se quedó en casa cuidando a mi sobrino. Cuando volví, no había por dónde entrar. Todo estaba cubierto de agua, barro, palos. Me tocó meterme por el lavadero con los pies empapados. Estaba desesperada”.

Pero lo peor vino cuando, en medio del caos, escuchó un video que circulaba por redes sociales. “Decían que la casa de Gonzalo Pérez se la había llevado la borrasca… y yo sabía que ahí estaban mi mamá y mi sobrino. Ahí me morí por dentro. Se me inflaron las manos, los pies, me quedé muda del susto. Pensé lo peor”, recordó.

La madre de la mujer estaba atrapada sin salida. “Ella me contó que se asomaba por las ventanas, pero todo estaba bloqueado. Dijo: ‘aquí me llegó la hora’. Sólo atinó a orar junto a mi sobrino. Afortunadamente, cuando por fin me avisaron que estaban bien, sentí que volví a vivir”.

La escena fue aterradora para todos. Algunos testigos aseguran que la carretera temblaba por el impacto de las piedras y troncos que arrastraba la creciente. La fuerza del agua destruyó caminos, inundó viviendas y dejó incomunicadas a varias familias. Una vecina tuvo que pasar la noche en casa ajena porque el puente que conectaba con su vivienda colapsó.

La comunidad asegura que lo más difícil fue la incertidumbre: no saber si el río seguiría subiendo, si habría más deslizamientos o si alguna casa colapsaría. Sin embargo, en medio del desastre, hubo milagros. Ninguna vida humana se perdió, ni siquiera la de los animales domésticos que convivían con las familias.