El caso parece sacado de una serie policial, pero finalmente, César Andrés Rivera Méndez fue enviado a un centro carcelario mientras avanza la investigación en su contra. La Fiscalía lo acusa de, presuntamente, usar productos veterinarios para drogar y robar a integrantes de la comunidad LGBTIQ+ en Bogotá. Los engañaba a través de app de citas.
Su modus operandi incluía el uso de plataformas virtuales de citas, donde se hacía pasar por un supuesto pretendiente. Lo que en principio parecía un encuentro romántico, terminaba siendo una pesadilla con saldo millonario.
La Fiscalía General de la Nación, tras valorar el material probatorio, logró que un juez de control de garantías impusiera medida de aseguramiento en centro penitenciario contra Rivera, a quien señalan por los delitos de hurto calificado y agravado, y transferencia no consentida de activos.
Los hechos narrados por las víctimas y documentados por las autoridades develaron la estrategia criminal perversa y meticulosamente planeada. La suma total robada supera los 80 millones de pesos, según reveló la Fiscalía.
Rivera seleccionaba a sus víctimas. Según la Fiscalía, utilizaba aplicaciones de citas para ganarse la confianza de hombres de la población LGBTIQ+. Luego de una conversación, los convencía de acudir a su residencia ubicada en Chapinero, oriente de Bogotá.
Allí, como parte del “encanto”, les ofrecía bebidas embriagantes adulteradas con sustancias utilizadas comúnmente en el ámbito veterinario, lo que provocaba una rápida pérdida de conciencia.
Con las víctimas indefensas, el agresor aprovechaba para despojarlas de sus objetos personales, joyas, celulares, tarjetas de crédito y demás elementos de valor. Además, en varios casos logró acceder a las claves bancarias para realizar compras y transferencias fraudulentas.
Hasta el momento se han documentado cinco casos confirmados que siguen un mismo patrón. Todos ocurrieron en Chapinero, una zona que ha sido históricamente reconocida por su diversidad y vida nocturna activa.
La Fiscalía no descarta que haya más víctimas que, por miedo o vergüenza, aún no se han atrevido a denunciar. Las autoridades consideran que Rivera Méndez no actuaba necesariamente solo. Por ahora investigan si hay colaboradores para usar las tarjetas o revender los bienes robados.
El caso ha generado alerta en colectivos de derechos humanos y organizaciones LGBTIQ+, que exigen mayor protección y vigilancia frente al uso de plataformas digitales como herramienta de caza para depredadores disfrazados de galanes.
Lo que agrava aún más el perfil del procesado es su comportamiento durante las audiencias concentradas. Según el acta judicial, Rivera Méndez lanzó gestos amenazantes contra la fiscal del caso y agredió físicamente a los uniformados de la Policía Nacional que lo custodiaban.
