Más de 200 kilómetros de vías rurales fueron intervenidos en 2024, como parte de un ambicioso plan de mejoramiento liderado por la Gobernación. Pero detrás de las cifras y las fotos oficiales, persiste una pregunta incómoda: ¿este impulso vial tiene futuro o solo es un alivio pasajero?
Los municipios de Santa Rosa de Cabal, Dosquebradas, Marsella, Quinchía, Belén de Umbría y Mistrató han sido epicentro de las obras, enmarcadas también en el programa nacional “Caminos Comunitarios para la Paz Total”.
Las comunidades celebran la llegada de la maquinaria amarilla, los volcos de grava y el asfalto que reemplaza el lodo de siempre. Para los campesinos, representa la posibilidad de sacar sus productos en menos tiempo, sin que el camino destruya los cultivos o los espante del mercado.

La Gobernación anunció recursos históricos: $22.000 millones para nueva maquinaria y $15.000 millones más para intervenir la vía Belén-Mistrató, una de las más críticas del departamento. “Estamos saldando deudas con el campo”, declaró el gobernador Juan Diego Patiño, durante su visita a esta última localidad.
La otra cara del camino
Pero mientras las retroexcavadoras avanzan, también lo hacen las dudas. Organizaciones sociales, ingenieros y líderes comunales coinciden en que el verdadero reto no está en intervenir, sino en sostener. Y es ahí donde la estructura se tambalea.
Durante décadas, la infraestructura rural en Risaralda ha sido víctima del abandono sistemático. Obras aisladas, falta de mantenimiento y presupuestos insuficientes han convertido las vías terciarias en cicatrices de tierra y piedra. Muchas de las carreteras que hoy se pavimentan ya fueron intervenidas antes… y volvieron al deterioro.

Además, el acceso limitado a materiales resistentes, la poca articulación entre municipios y la desactualización en los estudios técnicos siguen siendo obstáculos que ni los presupuestos récord logran remover del todo.
¿Avance real o maquillaje de campaña?
La pregunta de fondo sigue siendo si Risaralda está sembrando un modelo de desarrollo sostenible o simplemente cubriendo con cemento las heridas de años de olvido. Porque una vía bien hecha puede durar décadas, pero una sin mantenimiento apenas sobrevive una temporada.
