¿Qué pasará tras la muerte del Papa? El ritual que marca el fin del pontificado de Francisco

In Mundo
abril 21, 2025

Tras la muerte el Papa Francisco, líder espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo, entre el 6 y el 11 de mayo próximo se activará uno de los protocolos más antiguos, solemnes y enigmáticos del Vaticano.

Un procedimiento cargado de simbolismo, secreto y tradición milenaria que marca el cierre de una era y prepara el camino para un nuevo pontífice. El primero en actuar será el Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, quien tiene la responsabilidad de verificar la muerte del Papa y declarar formalmente la sede vacante.

Para ello, debe acercarse al cuerpo sin vida del pontífice y, con un pequeño martillo de plata, golpeará suavemente su frente tres veces mientras lo llama por su nombre de pila: “Jorge, ¿duermes?” Si no hay respuesta, como se espera, pronunciará la frase ritual en latín: “Vere Papa mortuus est”, que significa “Verdaderamente, el Papa ha muerto”.

Un símbolo que se rompe

Confirmado el fallecimiento de Francisco, se procederá a destruir el anillo del pescador, símbolo de su autoridad como sucesor de San Pedro. Este acto, realizado con un golpe de martillo, tiene un propósito claro: evitar que el sello papal pueda ser usado para falsificar documentos durante el periodo de transición.

Al mismo tiempo, el camarlengo ordenará sellar todos los documentos personales del Papa. Estos escritos, algunos de ellos de alto valor político y eclesial, serán guardados en una bóveda secreta del Vaticano, resguardados incluso de los propios cardenales, para evitar cualquier filtración que pueda comprometer la memoria del pontífice o los procesos internos de la Santa Sede.

El cónclave en la Capilla Sixtina

Tras el fallecimiento de Francisco, los cardenales menores de 80 años de todo el mundo se reunirán en Roma. Hasta 120 electores tendrán la misión sagrada de escoger al nuevo Papa. Este proceso se lleva a cabo en la Capilla Sixtina, donde los cardenales son aislados totalmente del exterior. No hay teléfonos, no hay mensajes, no hay contacto con el mundo.

Allí, en el silencio de los frescos de Miguel Ángel, comienza el cónclave, palabra que viene del latín cum clave, que significa “con llave”, aludiendo al encierro necesario para preservar el secreto de las deliberaciones.

El cónclave puede extenderse por días o semanas. Se realizan votaciones sucesivas hasta que uno de los candidatos obtiene al menos dos tercios de los votos. Si no hay consenso, se quema la papeleta con sustancias que producen humo negro, señal de que aún no hay Papa.

Pero cuando finalmente el Espíritu Santo guía la elección, se quema el voto con productos que producen humo blanco: la señal más esperada por el mundo católico.

Es entonces cuando un cardenal aparece en el balcón central de la basílica de San Pedro y proclama: “Habemus Papam”, es decir, “Tenemos Papa”.

Más allá del fin

La muerte del Papa Francisco no simplemente significa el fallecimiento de un hombre. Es el cierre de un capítulo en la historia de la Iglesia, el fin de un pontificado marcado por su tono pastoral, su defensa de los pobres y su constante llamado a la misericordia.

En medio de la liturgia, el silencio y los rituales, se preparará entonces el corazón de la Iglesia para recibir a su nuevo guía. Porque aunque Francisco se apague, la Iglesia continúa. Y lo hace bajo el manto de una tradición que ha sobrevivido por siglos, siempre guiada por la fe, la prudencia y un misterio que comienza con una frase en latín y una bocanada de humo blanco en el cielo de Roma.